Por el élder Gregory A Schwitzer
De los setenta
{parte del discurso
¨Cultivar el buen discernimiento
y no juzgar a los demás¨}
A menudo se cuenta la historia de la ocasión en que Jesús visitó la Casa de María y de Marta, que vivían en Betania con su hermano Lázaro. Era un lugar grato para el Maestro, donde podía descansar y disfrutar del entorno de un hogar recto. Durante una de Sus visitas, Marta estaba ocupada preparando la comida y María decidió sentarse a los pies del Maestro para ser instruida por Él.
Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres; y acercándose, dijo: Senior,¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola?
Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada (Lucas 10:40~42).
Se han dado muchas lecciones dominicales haciendo uso de este relato que muestra a Marta en una condición menor en cuanto a su fe. Pero hay otro relato de esta gran mujer, Marta, que nos da una perspectiva más profunda de su comprensión y su testimonio. Ocurrió cuando el Salvador llegó para resucitar a su hermano Lázaro de entre los muertos. En esta ocasión fue Marta quien acudió a Jesús cuando oyó que Él venía. Al encontrarse con Él, le dijo que sabía que todo lo que le {pidiera} a Dios, Dios {se} lo {daría}.
Cristo entonces compartió con Marta la gran doctrina de la resurrección diciendo:
Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?.
Ella respondió con su fuerte testimonio: Sí, Senior; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo (véase Juan 11:20~27).
¿Cuántas veces, incorrectamente, hemos juzgado a Marta como una persona que se preocupaba más por los deberes que por el Espíritu? Sin embargo, su testimonio durante la prueba de la muerte de su hermano muestra claramente la profundidad de su entendimiento y de su fe.
Más de una hermana ha escuchado el primer relato y se ha preguntado si es una María o una Marta, pero la verdad radica en conocer a la persona y en ejercer buen discernimiento. Al aprender más en cuanto a Marta, nos damos cuenta de que en realidad era una persona de carácter profundamente espiritual, que tenía un testimonio audaz y osado de la misión del Salvador y de Su poder divino sobre la vida. El juzgar incorrectamente a Marta quizá nos haya llevado a no conocer la verdadera naturaleza de esta maravillosa mujer.
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