Servicio Caritativo / Relaciones Sociales
Si estás triste,
clama al Senior tu Dios con súplicas,
a fin de que tu alma se regocije
(DyC 136:29).
Si confiamos en el Senior,
podremos pasar por las
épocas de dolor a las de
solaz y contentamiento.
Una leyenda del Lejano Oriente cuenta de una mujer que se sentía sumamente acongojada por la muerte de su único hijo y fue a ver a un hombre santo para pedirle que le devolviera la vida al ser querido. El le contestó que primero debía ir a recoger flores de las casas de todos aquellos que no hubieran conocido el sufrimiento, hacer con ellas una guirnalda y llevársela.
Pasó el tiempo, y al fin la mujer regresó con las manos vacías. "En toda la tierra" ~le dijo~ "no pude encontrar ni un solo hogar donde la familia no hubiera conocido el dolor. Pero ahora me conformo con lo que me toca".
Una presidenta de la Sociedad de Socorro dice que hasta que recibió ese llamamiento pensaba que en su barrio, había muy pocos problemas. Al enterarse mejor de las circunstancias de los miembros del barrio, se dio cuenta de que todos ellos, de una manera u otra, conocían el sufrimiento. Muchas veces, las personas que parecían no tener ningún problema eran las más afectadas por la aflicción causada por adversidades, transgresiones u otros problemas que no se percibían desde afuera.
Los momentos de dolor nos dan la oportunidad de ayudarnos mutuamente siendo sensibles a las necesidades y los sentimientos de los demás. En el bautismo, hacemos el convenio de llorar con los que lloran y llevar las cargas de unos con otros, como se explica en Mosíah 18:8~10. Para las hermanas de la Sociedad de Socorro, organización que se fundó basada en el principio de la caridad, esas palabras tienen un significado especial.
El sufrimiento es parte del proceso de sanar las heridas
El sifrimiento es un proceso en el que existen casi siempre ciertas fases. la duración, la intensidad y el orden de éstas pueden variar de acuerdo con la personalidad, las circunstancias y la profundidad del testimonio y de la comprensión de la persona. Por ejemplo, cuando ocurre la muerte de un familiar anciano o de un enfermo crónico, el dolor tiende a ser menos intenso que cuando se trata de una persona joven que muere de improviso.
También los ninios, los pequenios tanto como los mayores, sienten dolor y tristeza, pero quizás no comprendan sus sentimientos. Por lo tanto, debemos aprender a ayudar también a ellos.
Hay tres fases que son comunes en este proceso. Si somos capaces de reconocerlas, comprenderemos mejor lo que sintamos en tiempos de sufrimiento, y, por lo tanto, estaremos más capacitados para ayudar a los otros. Nos daremos cuenta de que esos sentimientos son normales.
El shock y la negación
Al experimentar dolor, lo primero que sentimos es shock. Este puede provocar una piadosa sensación de estupor, e incluso hacer que la persona piense que el hecho desagradable no ha sucedido y que niegue la existencia de un trauma. Quizás tenga dificultad para pensar y comunicarse, y siga la rutina diaria automáticamente, si es que la sigue. la vida parece perder significado.
Durante esta fase, algunas personas quizás prefieran estar solas. Puede durar unas horas, unos días o incluso unos meses, pero finalmente ese estupor desaparece y comienza el sufrimiento.
El sufrimiento y el enojo
Al disiparse el shock inicial, tal vez la persona se vea abrumada por sentirse desplazada, desvalida, herida, solitaria o deprimida. Y, fuera cual fuera la causa del dolor, es posible que sienta enojo por lo sucedido.
Durante ese periodo, es sumamente importante para la persona afligida saber que los demás se interesan en su bienestar.
El escuchar a otra persona que cuente de sus sufrimientos no satisface la necesidad que tiene el que sufre de hablar de su propio dolor. Lo que necesita es alguien que la escuche con comprensión y le dé apoyo, sin juzgar si tiene o no motivo para sufrir. Esta fase es un período de aclarar pensamientos y sentimientos; es también común sentir amargura y enojo, que a veces están dirigidos a familiares, amigos y otras personas, e incluso a Dios. El que escuche comprensivamente, se dará cuenta de que esas emociones son pasajeras y que, cuando el pesar y el enojo se calmen, los sentimientos serán más racionales.
La aceptación
Aunque el que sufre quizás piense que su pesar no tiene fin, con el tiempo volverá a sentir el deseo de retornar a la vida normal. Toda persona debe enfrentar la realidad del presente, y es preciso que limpie su espíritu de sentimientos ponzoniosos como la amargura, la preocupación, el desenganio, la ira, la culpabilidad y el temor. Eso permitirá que las heridas sanen.
Aunque los problemas quizás continúen y le sea imposible controlar circunstancias difíciles, aumentará su habilidad de enfrentarlos de una manera eficaz.
El Salvador nos da solaz
A pesar de que las causas y la profundidad del sufrimiento puedan ser muy variadas, existe una fuente de consuelo que está a disposición de todos. El Senior prometió lo siguiente: No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros (Juan14:18). A lo largo de las escrituras encontramos Su promesa de que estará con nosotros en nuestras aflicciones. Véanse Mateo 5:4; 11:28~30; Romanos 8:35~39; Doctrina y Convenios sección 121:1~8; 136:29~31.
En las épocas de dificultades es cuando estamos más dispuestos a hacer a un lado las influencias y actividades que puedan haber sido como barreras que nos separaban de la ayuda espiritual. Los actitudes y los sentimientos negativos que hayamos tenido durante el periodo de sufrimiento pueden reemplazarse con la fe, la humildad, el perdón y la gratitud.
Muchos de los que se encuentran en circunstancias dolorosas y piden al Senior fortaleza y consuelo probablemente sigan sufriendo; pero, aun cuando tengan que seguir luchando con sus problemas, sentirán la paz que sólo el Salvador puede dar.
Cuando Alma y sus companieros fueron a la tierra de los zoramitas a enseniarles el evangelio, se encontraron con que la gente había pervertido las verdaderas ensenianzas y se había vuelto muy inicua; el ver esa iniquidad hizo sufrir mucho a Alma, que oró pidiendo al Senior que lo consolara en Cristo. Su oración se encuentra en Alma 31:24~28. Aunque ellos siguieron padeciendo aflicciones, éstas se vieron absorbidas por el gozo que sentían en Cristo. La oración de Alma y su fe en que el Senior estaría con él en los momentos de dificultad son un ejemplo para todas{os} nosotras{os}.
Cuando nos acercamos al Senior humildemente por medio de la oración, el Espíritu Santo nos fortalece para que podamos enfrentar nuestros problemas. De esa manera, hallaremos que se renueva nuestro valor, que tenemos más comprensión y que sabemos hacia donde dirigirnos. El Senior no nos fallará jamás en Su promesa de consolarnos; El siempre estará dispuesto a ayudarnos a pasar por el sufrimiento que es parte indispensable de nuestro progreso aquí, en la tierra.
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