Por el élder Donald L
Hallstrom
De la Presidencia de los Setenta
Hace muchos anios, fui testigo de una experiencia desgarradora, la cual se convirtió en una tragedia. La llegada del primer hijo de una joven pareja estaba cerca. Su vida estaba llena de expectativas y entusiasmo debido a esa extraordinaria experiencia. Durante el parto, se presentaron algunas complicaciones y el bebé falleció. La congoja se convirtió en un profundo dolor, el profundo dolor en enojo, el enojo en recriminación y la recriminación en venganza contra el médico, a quien consideraban totalmente responsable. Los padres y otros familiares se involucraron mucho en el asunto y juntos procuraron arruinarle la reputación y la carrera al médico. A medida que las semanas y luego los meses de amargura iban consumiendo a la familia, su amargura se extendió hasta el Senior. "¿Cómo es que Él permitió que ocurriera algo tan horrible?". Rechazaron el reiterado empenio de los líderes y los miembros de la Iglesia en consolarlos emocional y espiritualmente y, con el tiempo, se desvincularon de la Iglesia. Ya van cuatro generaciones de esa familia que resultan afectadas. Donde una vez hubo fe y devoción hacia el Senior y Su Iglesia, no ha habido actividad espiritual por parte de ningún integrante de la familia durante décadas.
A menudo, en las circunstancias más difíciles de la vida, hay sólo una fuente de paz: el Príncipe de Paz, Jesucristo; Él extiende Su gracia con la invitación: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar (Mateo 11:28). Además promete: Mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da (Juan 14:27).
Mis abuelos paternos tuvieron dos hijos: un varón {mi padre} y una mujer. Después de prestar servicio en una misión y en el servicio militar en Hawai, mi padre volvió a las islas en 1946 para establecerse profecionalmente y criar a su familia. Sus padres vivían en Salt Lake City, al igual que su hermana. Ella se casó en 1946 y cuatro anios más tarde estaba embarazada. Esto es algo muy especial para los padres cuya hija {en este caso, su única hija} está por dar a luz por primera vez. Nadie sabía que estaba esperando gemelos. Lamentablemente, ella y los gemelos fallecieron durante el parto.
Mis abuelos estaban devastados, sin embargo, su profundo dolor los volvió de inmediato hacia el Senior y Su Expiación. Sin pensar demasiado en por qué había sucedido algo así ni en quién tenía la culpa, se concentraron en llevar una vida recta. Mis abuelos nunca tuvieron riquezas, nunca estuvieron entre la élite social, nunca ocuparon posiciones elevadas en la Iglesia; sencillamente eran Santos de los ültimos Días devotos.
En 1956, después de jubilarse profecionalmente, se mudaron a Hawai para estar junto a su única posteridad. Durante las décadas que siguieron, amaron a su familia, prestaron servicio en la Iglesia y, principalmente, disfrutaron de estar juntos. No les gustaba separarse e incluso hablaban de que quien muriese primero debería buscar la manera de ayudar a que se reunieran pronto. Cuando estaban cerca de cumplir noventa anios, tras 65 anios de matrimonio, fallecieron con pocas horas de diferencia por causas naturales. Dado que era su obispo, yo dirigí el funeral doble.
La fidelidad del abuelo Art y la abuela Lou, en especial al enfrentar dificultades, ha influido en las cuatro generaciones que ya han pasado. Influyó de manera directa y profunda en su hijo {mi padre} y en mi madre cuando su propia hija, la menor, falleció debido a complicaciones causadas al dar a luz. A los 34 anios, falleció diez días después del parto, y dejó cuatro hijos, que tenían entre diez y ocho anios. Gracias al ejemplo que habían visto en la generación anterior, mis padres ~sin vacilar~ se volvieron al Senior en busca de consuelo.
En todo el mundo y entre los miembros de la Iglesia, abundan el gozo y el dolor. Ambos son parte del plan. Sin uno, no podemos conocer el otro. ...existen los hombres para que tengan gozo (2º Nefi 2:11) y porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas (2º Nefi 2:11) no son conceptos contradictorios, sino que se complementan. Alma, hijo, al describir cómo se sintió cuando se volvió al Senior dijo: ...mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor (Alma 36:20).
Hagámoslo abriendo un foro para "Gastronomía", otro para "Poesía", y así sucesivamente.
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